
En mi niñez y juventud, la interactuación, mediante dibujos, cuadros, ... se me enseñaron como aprendizaje de una técnica y elección de una temática, lo cual lleva a pensar sobre su (l)imitación: una técnica ya desarrollada y unos sujetos o temas ya definidos.
En lo cercano y reciente, la pulsión de “lo vivo” (me) está pidiendo el sendero por donde transitar, menos lecciones, menos maestros, y más sentir.
El "arte" es la vida desde los signos y símbolos humanos que se movilizan en el tiempo, útiles que modifican el ser ilusorio y la materialización de unos logros.
El meditar sobre lo transcurrido hace que la técnica no termine de parecerme lo más importante (curiosamente lo más remarcado hasta el momento), teniendo en cuenta lo vivido por el camino: experiencias con Bárbara, Norma, Cristina, Nedelcu-Marian, Guillermo, los retratados…; Ultra, José, Félix, José Antonio, José Luis, los que me enseñaron técnicas…; Tomás, Vicente, Carlos, Sylvi, Piotr, Daniel, Conchita, Ekber, Karl, Ignacio… los que apostaron a mis obras; mi familia, que también me apoyó y sustentó… ¿por eso será la importancia de la persona en “mi” obra?
Un objeto o materialización, una acción o experimentación no se reducen a ellos, son viaje formal y vital, en el que intervienen todos actores y factores que han sido, son y serán recombinados y que puntualmente aquietaremos y daremos nombres en el devenir.
Sólo me queda presentaros parte de mi viaje, en el común que hacemos todos. Ni bueno, ni malo, ni mejor, ni peor, … se me concreta “algo”, “elijo” la acción, sucede y reformaliza.